
No recuerdo cuándo me liberé de mis propios prejuicios, pero fue un punto de inflexión importante en mi vida porque, gracias a ello, mi propio lenguaje, mis historias, mis vivencias dejaron de reducirse a un núcleo privado o de confianza.
Hace poco me encontré con una conocida en el ambiente. No estaba segura si era ella, pero me decidí a saludarla, pese a creer que me estaba equivocando de persona.
Cuál fue mi sorpresa que me negó el saludo y claro, pensé que, una vez más, mi cabecita loca se había equivocado.
No pude dejar de mirarla y quería autoconvencerme de que no era ella. Sin embargo, a la hora, volví a la carga. Notaba algo raro, algo que no encajaba.
¡Mira que soy pesada!, me dije. Pero gracias a eso comprobé mis sospechas. Ella, sin otro remedio, tuvo que explicarme tu actitud. Sí que nos conocíamos las dos.
Tiendo a ponerme en el lugar de los demás y comprender qué motivos hay detrás de actitudes casi incomprensibles. En este caso me explicó que no quería que supieran de su orientación sexual en el ámbito social en el que ella y yo nos conocíamos. Y eso me bloqueó, sinceramente. Yo, que había dejado a un lado hace tiempo mis prejuicios, mis barreras, mis tapujos, solo pude más que escucharla, entenderla y darle un mensaje de tranquilidad, haciéndole ver que “SU GRAN SECRETO” estaba a salvo conmigo.
Pero se me olvidó transmitirle el nudo en el estómago que me llevé a casa y que aún llevo conmigo por su reacción, por su forma de ocultarse, porque creía sinceramente que no tenía motivos para mantener esa invisibilidad. Esto no significa que sea una “correveidile” y que me estaba envenenando de tanto morderme la lengua queriendo contar “SU SECRETO”. La realidad era otra bien distinta.
La impotencia de no hacerle ver y comprender que era una tremenda estupidez “ser invisible” me ha hecho darle muchas vueltas al asunto, porque el círculo de personas que teníamos en común comprendería desde la más absoluta normalidad que es lesbiana. Pero quise respetar su decisión.
Hoy por hoy, me doy cuenta que, con la actitud que mantuve, no estaba ayudando en nada ni a ella, ni al resto de lesbianas, ni a esta sociedad. Está claro que tuve poco tiempo para reflexionar con ella, pero fue una irresponsabilidad por mi parte.
Nunca tacharía de hipócrita a esta chica, aunque su reacción, y quizá también la mía, si lo fueran. Pero me hizo analizar mi (y su) tremenda miopía.
Somos todos y todas las que, al margen de nuestra orientación sexual, debemos seguir trabajando por la normalidad, luchando contra nuestros propios prejuicios que hacen daño a los que tenemos al lado y a nosotr@s mism@s.
Mi lucha personal puede significar un granito de arena pero, por insignificante que parezca, es necesario ir sumando pequeños gestos que ayuden a educar en igualdad, sin sexismo, que faciliten el alcanzar la felicidad de SER LO QUE UNO/UNA ES, porque además es un bien para la sociedad en su conjunto.
Creo que, para este caso, mi granito de arena será tomarme un café con ella. Hablar tranquilamente, transmitirle la paz que requiere tanto conflicto interior y, pasarle el testigo de esa responsabilidad que me mueve para con ella y con el resto de la sociedad. Porque admitir quién eres es un acto de felicidad y fidelidad propio y que compartes y disfrutan los que te quieren. No es justo negarse/negarles esa dicha.
Como dije un día, “hacerse visible” es como un maratón, donde hay que dosificar las fuerzas, pero te sientes ganadora y victoriosa solo con llegar a la meta.
POR LA VISIBILIDAD LÉSBICA.
3 comentarios:
hola eva: soy luis meliá. Muy interesante tu reflexión alrededor del concepto de visibilidad. Yo también me he encontrado con conocidos en el ambiente que me han pedido mantener el secreto fuera de ese contexto. No me parece mal. Aunque estemos convencidos de las bondades de la visibilidad, no creo que sea una cuestión de miopía (caray con los símiles ópticos)No podemos llegar a saber todas las circunstancias de las personas que nos rodean, ni sus condicionantes vitales: algunos prefieren cantar a los cuatro vientos su orientación sexual, su ideología política, sus infidelidades o sus platos preferidos, mientras que otros no.
Lo normal es que cada uno elija lo que quiere decir y lo haga cuando quiera. Sin cortapisas, pero sin empujones. Libertad de conciencia y de expresión.
Luis, pienso como tu. Cada uno a de ser libre de tomar los pasos que crea conveniente en su vida. Sea cuando sea, y sea acertado o no.
Las circunstancias de cada uno son suyas, las compartamos o no, lo único es garantizar que quien de el paso tenga la libertad de no ser discriminado, ni se cuarte su libertad por hacerlo.
Estimados Luis y Joan:
Ante todo, siento responder tan tarde a vuestros comentarios, a los que me uno.
Las circunstancias de cada uno son las que son Y podría empezar por mi. El tema político también es delicado comentarlo en ciertos círculos, sobre todo el laboral. En mi casa me costó decir que estaba metida en política dos años. Así que ¿CÓMO NO VOY A ENTENDER LO QUE ME COMENTÁIS?
Pero por una parte están nuestros propios miedos o fantasmas que nos impiden ser nosotros mismos. Y por la otra, la discriminación social que, para una lesbiana es doble: por ser mujer y por ser lesbiana.
No es mi intención coartar la libertad de conciencia y de expresión a nadie sino, más bien, darle la oportunidad de ver las cosas de otra manera. La sociedad está cambiando, todos y todas formamos parte de ese cambio para tener más opciones, para tener más puertas abiertas, que es lo realmente importante en esta vida para poder elegir. Y poder evaluar cuándo es el momento y tomar la decisión uno/una mismo/a. Por supuesto, sin empujones.
Pero esas decisiones se suman. Y se suman en favor de LA IGUADAD REAL de todo el colectivo LGTB, sin quererlo o sin darse cuenta.
En referencia a lo que comentabas, Joan, lo de garantizar que quien dé el paso tenga la libertad de no ser discriminado, hay varias cosas que permiten lograr que se den las circunstancias idóneas.
Los derechos legales alcanzados hasta la fecha del colectivo, los que aún tenemos que conseguir, la asimilación de esos derechos por parte de toda la sociedad, un estado aconfesional y laico, la educación en igualdad y sin sexismos de generaciones presentes y futuras, nuestra actitud ante noticias y actos discriminatorios, el lenguaje propio y de los medios de comunicación... Hay tantos factores como personas implicadas. Solo tenemos que ver y llegar a la conclusión de qué parte de responsabilidad nos toca a nosotr@s a nivel individual.
Por ejemplo, algo que también ayudaría es que "salieran del armario" lesbianas que forman parte de la vida pública o de la política. Ellas tienen ese tipo de responsabilidad para con todas.
Como dijo Carmen G. Fernández, Coordinadora de Área de Políticas lésbicas de la FELGTB "Es obvio que la lesbofobia no va a desaparecer de golpe, ni los trabajos precarios, ni nuestros condicionantes familiares. Pero sí podemos empezar a ser visibles en
el ámbito público por el que también nosotras hemos peleado"
Bueno, resumiendo un poquito. Disculpas por no haber dejado claro lo que quería comunicar (y espero haberlo aclarado) Pienso que la comprensión y sensibilización sobre el tema nos atañe a todos y todas ,en la medida de lo posible.
Un beso a los dos, y seguimos debatiendo... QUE ME ENCANTA.
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